 | La nota que a continuación presentamos está dedicada, a modo de homenaje, al recuerdo de René Heidegger, quizás uno de los más extraordinarios motociclistas que tuvo no sólo Rafaela sino el país |
Ganador de casi mil carreras, por mérito propio llegó a ser un ídolo y por esfuerzo y talento, se ganó un lugar en la historia del deporte local y aún más allá de las fronteras provinciales. Fue el mejor en circuitos de tierra y en los pavimentos no tuvo rivales. Este mes se cumple un nuevo aniversario de la inesperada desaparición de un campeón eterno: René Fernando Heidegger,
La nota que a continuación presentamos está dedicada, a modo de homenaje, al recuerdo de René Heidegger, quizás uno de los más extraordinarios motociclistas que tuvo no sólo Rafaela sino el país.
Una trágica tarde del 20 de Junio de 1975, en un circuito de la Avenida Costanera de Santa Fe, el recordado "Petiso" (como le decían), con tan sólo 32 años, encontró la muerte en un desgraciado accidente que aún hoy nos golpea a todos muy fuerte.
Nació el 25 de febrero de 1943 en Presidente Roca y tuvo destacadísima actuación sobre las dos ruedas a lo largo de 17 años nada menos. Desde su pueblo natal, de niño, solía llegarse en bicicleta hasta nuestra ciudad para asistir a las pruebas de motociclismo, porque lo apasionaba, lo llevaba bien adentro y soñaba alguna vez andar sobre las dos ruedas.
Y por fin llegó el debut en el motociclismo. Con apenas 15 años recién cumplidos, la juvenil figura de gran campeón había empezado a transitar el camino de un romance de victorias que se prolongarían casi sin interrupciones en el tiempo. Decir que fueron un millar sus triunfos no resulta exagerar. Era la realidad. Casi todos los escenarios del país vieron pasar "la saeta rubia", aplaudieron su incomparable espectáculo, ya que el "alemán" no sólo se limitaba a recibir primero el banderazo, sino que todos sus éxitos iban acompañados de esa dosis de riesgo y dramatismo que sólo saben imponerle los ídolos. Recibir la victoria con todo el público de pie, era para él una costumbre. Algo común que se repetía domingo tras domingo.
Jorge Ternengo, por quien Heidegger sentía una admiración indescriptible, observó en él a un promisorio valor.
Fue así como le cedió una moto Tehuelche y al "petiso" se le brindó la oportunidad de competir con los federados , en 100 c.c. Durante un año y medio perteneció a la escudería del "nene" Ternengo. Con posterioridad otras máquinas le fueron confiadas para su conducción, porque ya se vislumbraba un gran campeón.
Fue una figura que excedió con justicia los límites de la ciudad y de la zona. Rosario, Córdoba, Tucumán, Tandil, Azul, Paraná, Santiago del Estero lo vieron pasar con su espectáculo. En Rosario, por ejemplo, el sólo hecho de anunciarse la participación de Heidegger, provocaba un lleno total del circuito municipal.
Los diarios de la época reflejaban los acontecimientos con contundentes titulares. La revista Corsa publicaba: "El inalcanzable Heidegger" volvió a ganar Heidegger en Rosario. Y van... bueno, ya perdimos la cuenta. Lo que sí sabemos es que hace más de 3 años que no lo pueden vencer en el óvalo pavimentado del estadio municipal Jorge Newbery.
Durante una temporada, cuando condujo las máquinas de los hermanos Ghirardotti de Eusebia, sobre un total de 98 carreras largadas, se había adjudicado 95 triunfos. Una serie realmente impresionante.
Decir Heidegger y decir motociclismo era una misma cosa. Unía a su manejo temerario sensatez para planificar las presentaciones. Corredor por vocación, hizo de las competencias su medio de vida. Aunque introvertido se ganó la pasión popular por lo que arriesgaba en la pista, nunca por la disposición para el diálogo con la multitud.
Personalizó las cualidades del motociclista por antonomasia y cayó como lo hacen los campeones en plena disputa.
La última carrera
El viernes 20 de Junio de 1975, se vivía en Rafaela una de esas jornadas con variadas y atractivas propuestas deportivas. El fútbol tuvo su propia fiesta en barrio Alberdi, con el partido amistoso que disputaron Atlético y Colón de Santa Fe, con victoria para los "sabaleros" por 4 a 2. En el Hipódromo del Jockey Club se corría el clásico "Día de la Bandera", con la consagración de "Astileño" el primero en cruzar el disco con la monta de Isaac Quintana.
A un centenar de kilómetros, el motociclismo respondía a una nueva cita en un circuito asfaltado trazado en las inmediaciones del
Puente Colgante de la ciudad de Santa Fe. Se hacía presente allí la figura descollante de la época, René Heidegger.
En la segunda vuelta de la primera serie de la clase de 125 c.c. pasó a fondo por debajo del puente del complejo vial e iba al encuentro del Puente Colgante.
Pero antes debía comenzar ese viraje interminable que se inicia frente a Regatas. Ahí, justo donde se encuentra el cartel indicador del club de la laguna Setúbal.
Empieza la curva doblando solo, sin molestias, viajando aproximadamente a 120 km/h.. Ningún problema, y de pronto lo extraño.
La moto de René comienza un derrape largo, que parece no tener fin. Que tiene final contra ese inocente cartel, convertido de pronto en asesino. El cráneo del "alemán" Heidegger dará precisamente ahí...
A las 17:50, en el sanatorio Rivadavia, el doctor Roberto Paredes certifica la defunción. Prácticamente, el piloto había llegado muerto. El diagnóstico frío: "Traumatismo de cráneo, cerebro destrozado, abundante hemorragia". También frío el recibimiento en el Rivadavia: "¿Tienen dinero para la atención? Este es un sanatorio caro".
Así, a las 17:50 se apagaba la brillante carrera deportiva de un motociclista de excepción. René Heidegger había dicho pocas horas antes a sus colegas "nunca corrí en un circuito tan lindo como este", y unos meses atrás: "si algún día me sorprende lo inevitable en una competencia, quiero que sean mis rivales en los circuitos y mis más entrañables amigos en la vida, los que con sus motocicletas me acompañen en el momento de la despedida".
René Fernando Heidegger cayó como un grande. Luchando por la punta, como si quisiera despedirse de la misma manera que había ingresado al atrapante mundo del motociclismo. No era un conductor valeroso, era algo más. Se trataba de un temerario. Verlo correr daba escalofríos.
Sería por eso, por competir sin concesiones, que había capitalizado una legión de admiradores. Ahora, como siempre, no faltarán los cuestionamientos y tampoco uno podrá evitar que alguien haga la comparación: "por qué arriesgar con las motos, si lo mismo se puede jugar al ajedrez sin peligro alguno". Entonces le tendríamos que contestar con las palabras de Fangio: "porque unos nacen para jugar al ajedrez y otros para correr en autos" (o en este caso, en motos). (1)
Cuenta: Blanca Rudolf (esposa de René Heidegger)
René vivía las carreras de una forma muy especial, era capaz de levantarse a las 4 de la mañana para ir al taller a preparar sus motos. Esta pasión tuvo sus anécdotas, una de ellas fue acortar el viaje de bodas porque tenía que correr la última fecha de aquellos espectaculares triangulares que organizaba el club 9 de Julio.
Una vez tuvo un grave accidente en Felicia. Allí se golpeó muy feo y se salvó gracias a la oportuna intervención de Héctor Zaffrea, quien le hizo respiración boca a boca evitándole la muerte. A causa de este accidente los doctores le habían prohibido correr, por lo menos, por un año y medio... pero no aguantó, el ruido de los motores era más fuerte que su propia prudencia.
René corría para el público, era consciente de la admiración que le tenían y no quería defraudarlos. Hacía sus presentaciones más espectaculares largando siempre desde el fondo, aunque se clasificara en las primeras posiciones.
Recuerdo que antes de cada carrera daba una vuelta, y si todo andaba bien, miraba a los mecánicos y les decía: "papita pa´l loro..."; era la señal de que todo estaba en orden.
Quedan muchos trofeos, casi tres baúles llenos, además de los tantos que donamos para premios. Pero eso es sólo parte de lo inmenso que nos dejó, como hombre y como piloto. (2)
Cuenta: Norberto Gatti (piloto santafesino)
No tengo dudas, el "petiso" fue el más grande rival de todos los tiempos. Era un gran tipo abajo de la moto y dentro de la pista se comportaba como un verdadero caballero. Nunca hubo alguna actitud desleal en nuestros duelos, que se prolongaron durante bastante tiempo. Era un tipo que tenía su carácter, era muy frontal para todo y vivía cada carrera muy intensamente.
Recuerdo que una vez yo tuve un accidente bastante bravo en Entre Ríos y él fue uno de los primeros en visitarme. Esa vez me dijo: "Flaco, cuidate, que esto es lo único que sabemos hacer".
Durante una época hubo una rivalidad tremenda en las pistas, pero fundamentalmente a nivel de hinchadas. Estaban los simpatizantes del "petiso" y los míos, que realmente se sacaban chispas. Nosotros, sin embargo, siempre tuvimos una buena relación.
Recuerdo que en una oportunidad, cuando se corrían los 100 km. de Bella Italia, era tal la bronca entre los partidarios de uno y otro, que debimos escondernos detrás de un colectivo para conversar sobre el desarrollo de la carrera. Creo que ese día no nos hubieran perdonado si nos veían charlando en presencia de todos. (2)
Cuenta: Leonelo Bellezze (periodista)
René tenía una capacidad incomparable y un estilo que lo distinguía. En el circuito del club 9 de Julio, bien llamado "el óvalo infernal" por su peligrosidad, realmente nos ponía los pelos de punta a todos cuando sobrepasaba rivales en las curvas, doblando terriblemente fuerte por afuera.
Recuerdo una edición de las 1oo Millas Belgranenses, que se corrían en San Antonio. Por la mañana había llovido lo suficiente como para que el circuito presentara algunos sectores con barro que lo tornaban sumamente peligroso. Y precisamente en el lugar de mayor riesgo era donde Heidegger lograba una diferencia indescontable. Había varias motos que rendían en un nivel similar, pero a la hora de transitar por la zona barrosa, él se distanciaba considerablemente.
Su dominio sobre la moto era notable y viéndolo desde afuera parecía que respondía a cada una de sus órdenes con una naturalidad y una seguridad asombrosa, aunque muchas veces asumía riesgos que iban mucho más allá de lo aconsejable. (2)
Tu vida fue una vida de triunfos,
tu historia, coronada por el éxito,
y si bien tu destino se propuso,
llevarte para siempre en tu apogeo,
tal vez no llegó a ser tan despiadado,
porque todos tus sueños se cumplieron.
¡Firme en la moto! Así te conocimos,
en una tarde de hace mucho tiempo;
¡Firme en la moto!, decisión y audacia,
acelerando tu pasión de vértigo;
¡Firme en la moto!, ¡corazón y garra!,
para el amigo, un ángel en el pecho,
y en el circuito robándote la calma,
el fuego endemoniado de tus nervios.
Tus nervios, el motor de tu coraje,
tus nervios, con el temple del acero,
que han hecho en vos al piloto temerario,
como jamás nuestras pistas conocieron;
no olvidaremos la bandera a cuadros,
rindiéndose ante vos, ¡siempre primero!;
ni al público gritando enardecido,
al ver tanto valor, destreza y riesgo;
un coro de sólo dos palabras,
que decían así: ¡Petiso viejo! (3)
(1) Extractos de una nota del Diario "Nuevo
Diario" de Santa Fe
Sábado 21 de Junio de 1975.
(2) Entrevistas realizadas por la Revista "Depormes"
del Diario "La Opinión" Junio 1988.
(3) Responso de Luis J. Perassi, admirador de la localidad
de Grütly Norte, fechado en el año 1975.